Armada y sin miedo: manifiesto de una marika-travesti cariñena afro-india descendiente contra todo el mundo (Parte1)



Por Waquel Drullard Wurtzbach*



Sobre el maldito mundo: el devenir es cimarrón


En un lugar que fue hecho para ser mundo, el mundo siempre es y será colonial y heterosexual, no hay más, siempre es menos. El mundo es mundo porque se define por la unicidad, la universalidad y la regla. La heterosexualidad es regla, el racismo es regla, el consumo y la explotación de cuerpos es regla, el capitalismo es regla, la ciudadanía es regla, la blanquitud es regla, la jerarquización de cuerpos dentro de la modernidad es el derecho que gobierna este mundo hecho para todos, solo que en posiciones diferentes. Lo plural, multiversal y multilateral es inexistente, incluso su presencia es una advertencia. Si queremos deshacernos del sexismo, el racismo, heterosexismo – patriarcal, el capitalismo y en términos amplios: la colonialidad del poder, pensando en Quijano,  hay que hacer arder el mundo, porque el mundo es la matriz de funcionamiento del heterocapitalismo, es la caja que contiene, limita, coloca y encierra las vidas construidas para perecer en beneficio de la blanquitud, el mundo es la blanquitud, no tengo sueños depositados aquí, este mundo es la parrilla que limita la disidencia dentro de la colonialidad-modernidad1, está prohibido ser disidente dentro del capitalismo, quien lo es pierde la oportunidad de hablar y es patologizado, este mundo es la casa del amo y la ama, tiene reglas muy claras, es la casa dentro de la plantación que protege el poder jerárquico y explotador que dota a los sistemas de múltiples opresiones y que a su vez genera dominación sobre quienes deben soportar: las vidas racialmente precarizadas.


El mundo es la plantación de lxs amos: los blancos comen en la mesa de la sala y los negos en el patio, el capataz es blanco y es quien da los latigazos y el negro los recibe, el negro está bajo el sol trabajando hasta morir para enriquecer a la blanquitud. El mundo nunca ha dejado de ser una plantación, es un campo de exterminio. ¿Acaso no lo ven? En la pandemia  quien sostuvo la vida, fue el sujeto racializado, la que nunca paró, la que nunca hizo homeoffice, quien produjo la comida, quien limpió, cocinó, recogió la basura…la negra, el indio, la pobre. Este mundo pandémico administra bio-geopoliticamente las vidas del sujeto negro-indio-racializado para sostén de la blanquitud.  El mundo  que conocemos, este mundo moderno, es el poder sistémico que hace posible las fronteras coloniales habitadas por marikas negras mestizas. Fronteras que son heridas pensando en Gloria Anzadúa…si queremos vivir, hay que salir del mundo, mientras le prendemos fuego a la plantación.


En el mundo  siempre se resta, se cancela, se limita, se elimina, se quita del medio, se barre, porque el espacio para la existencia siempre es y será para el sujeto hegemónico, para quien ha sido diseñado y creado desde la subjetividad humanoide y no desde la cosificación objetable. Para mí el mundo es humano y el humanismo hay que dejarlo ya por ser una herencia colonial, hay que inventarnos otra cosa que no sea entendido en los términos de mundialidad y globalización, hay que dejar de tocarle la puerta para que nos dejen entrar a la ciudadanía. Escapar es inventarnos otro sitio que habitar, imaginación es una oportunidad para soñar otros espacios lugares donde nuestras vidas sean vivíbles. Hay que dejar de existir en este mundo, la existencia siempre es ciudadana y blanca, lo demás ocupa el lugar del desbordamiento, existe en cuanto es “ lo otro”. Hablamos de diversidad de subjetividades, pero es falso, siempre hay una, la del blanco, o al menos es el metarrelato que nos intentan hacer comer. Estamos disputando otra existencia pero no la de modernidad y la que cobra sentido dentro del capital. No estoy diciendo que todo es una fatalidad, creo que hay oportunidad de escape, lo que digo es que, este mundo es colonial y que no podemos sembrar en suelo podrido, hay que parar ya, no podemos huir intentando usar las carabelas de colón, no podemos escapar usando los ciber – aviones del imperio yanqui- europeo y ni las armas de la OTAN, no podemos dejar el mensaje para el encuentro a nuestras ancestras cimarronas, en las bandejas de Facebook, de Twitter o Instagram de Mark Zuckerberg. El cimarronaje no está allí, esos son lugares de miseria, de especulación, cancelación y hechos para debilitar nuestras resistencias ¿acaso no nos quedó claro lo que nos advirtió Audre Lorde?  las herramientas del amo no desmontará la casa del amo.


Hay que crear herramientas otras que se escapen del control blanco y que desencajen el eurocentrismo que configura este mundo, desmontando la casa, desmontar significa desenganchar todas sus piezas y evidenciar el fraude que es usa-europa. Las herramientas-tecnologías que posibilitan mi existencia marika- travesti, son ancestrales, cimarronas y colectivas, ha sido la constante fuerza y la búsqueda de la sobrevivencia, contra todo destino, a pesar de que la policía migratoria siempre está detrás, por eso deseo todos los días co-autopreservarme2. La fuerza, la vivencia negra y caribeña en coordenadas migrantes, la experiencia colectiva de la negritud contra los planes genocidas del necroEstado, es lo que me mantiene viva. No ser varón, no ser mujer, ser heterodisidente del sistema reproductivo sexo-género dentro del aparato colono-binomial “mujer-hombre” occidental, ser travesti y maricón – coje hombres – en un entramado obsesionado con la familia nuclear, la propiedad privada, el capital y la heterosexualidad forzada – es un acto encarnado que se experimenta diario y constantemente en lógica de círculo inacabado que provoca profundo cansancio pero que reconozco necesario para nuestra vida continuada y conservación negra-afro-india-mestiza, es decir, para nuestra conservación como fuga y esperanza cimarrona fuera de esta equivocación de mundo. Al menos eso me ha mantenido en pie, la fuerza de pensar otra cosa e imaginar otros espacios de vida no occidentalocentrados. No hay formas de vida, hay vida. No hay una vida occidental y otras, la vida moderna es muerte, el heterocapitalismo solo masacra cuerpos racializados en maquilas, en zonas francas, en casas de familia, en plantaciones y campos masivos de cultivo, en fábricas e industrias al estilo Monsanto y Coca Cola, en la calle y en todo lugar dentro del capital es muerte. Por eso yo entiendo la vida solo en la resistencia fuera de esta matriz racista que clasifica cuerpos melánicamente para su soporte. Pero ahí está el truco, en pensar que nosotras las negras e indias podemos vivir dentro, que algún día nos dejarán pasar de la plantación a la casa, nos han engañado como si se tratara de un truco de magia. ¡Es que nos han engañado! nos dijeron falacias, cosas muy atroces y dolorosas, nos han dicho cosas impensables, inimaginables…y le hemos creído, cómo podemos creer tal barbaridad: nos han cambiado el oro por espejitos. Nunca nos dejarán pasar, hay que quemar todo e irnos.


Antes de tener espejos sabíamos que éramos las bonitas de la tierra, nosotras las negras, las indias, las mestizas, las no humanas, las no blancas, las no europeas, no conocíamos la dicotomía “salud – enfermedad” porque solo éramos junto al territorio. No pensamos en lógica “naturaleza – cultura” éramos más que eso, sentíamos primero. 
La mentira es el único vehículo de tránsito en este mundo. Este mundo solo transita desde lo binomial, hay que experimentar una ecología3 de transitividad que se escape de la heterosexualidad identitaria que funciona categorialmente. Nuestras ancestras cimarronas no tejieron caminos en sus cabezas para hacerse una casa dentro de la plantación, fundaron un quilombo, un conuco, una comunidad fuera de la civilización colonial y abrazada por los montes y las montañas, literalmente se fugaron de la colonial-hetero-plantación. Deleuze y Guattari no citaron a mis ancestras negras, la línea de fuga desterritorializada fue antes práctica negra que teoría blanca, fue más cimarrona que francesa. Para ser aquí solo es posible bajo la fórmula:  mentir-matando, solo la mentira construye la episteme de occidente, su blanquitud propicia la antropología de la dominación4  del mundo, antropología que configura lo humano, jerarquizando, clasificando, exprimiendo y encajando de tal manera que los poderes-sobres posibilitan la explotación, la expropiación y el despojo de vidas-territorios y ecologías otras definidas fuera de los límites de lo cis-hetero-blanco. Esa antropología funciona para preguntarnos ¿quiénes somos y en qué mundo vivimos? – respondiendo, nos daremos cuenta de la posición que ocupamos en esta pirámide globalizadora, tener posiciones siempre es un error, entendiendo que este mundo construyen posiciones disímiles de vidas, porque le interesa mantener este mono-político-militar-sobre-territorio que pretende ser una aldea global deslocalizada que facilita el adecuado funcionamiento de las fuerzas blanco-dicto-imperiales, las cuales siempre se arman del dominio definitorio tanato-fármaco-político de la heterosexualidad como régimen político, pensando en la Wittig, y el demonio del capitalismo pintado como ángel con los pinceles hechos por la industria armamentista fraguada en los marcos de guerra de las potencias y enarbolados por ellos mismos, dígase el centro, sobre las periferias. Ese es el mundo, no hay otro, abandonemos el estado permanente de engaño… lo que conocimos antes de 1492, ya fue, eso no quiere decir que no estemos vives y que no podamos escapar, pero el escape significa la destrucción del mundo moderno que hoy conocemos, y la destrucción del mundo no es otra cosa que la destrucción de la blanquitud como tiranía.



No quiero cambios, quiero quemar la plantación


No quiero cambios, quiero que desaparezca europa y todo su eurocentrismo propagado imperialmente. Cambiar es reformar, no quiero reformas, recuerden las 95 tesis de Lutero que multiplicaron el mal del occidentalcristinismo por el mundo, o las múltiples leyes y normas viejas y nuevas, que solo construyen prisiones, cárceles y lugares de encierro para volver locas y exterminar a gente subalterna, racializada y precarizada, en nombre de un trato más humano y digno. La esclavitud nunca se ha ido, fue reformada, recuérdenlo, no de gratis las cárcales son racializadas. Y sí, Estados Unidos lo creó todo, fue su plan. La reforma siempre funciona en complicidad con lo hegemónico, es decir, con aquello que no somos. ¿En qué beneficia una reforma, a una marika mestiza tercermundista, afro-india descendiente, sin lugar propio ni seguro para ser-existir, salida del barrio caliente Sabana Perdida de Santo Domingo y aún neo-colonia Rep. Dominicana? ¿Creen que modificar la ley que me construye como lo otro y me oprime, me beneficiará en algo? ¿creen que haciendo una ley antidiscriminación me ayudaría? – pensando en Dean Spade, tengo claro que “sus leyes nunca nos harán más segur*s”. No quiero más leyes, porque al final quienes terminaran en la cárcel por discriminarme no será el sujeto hegmónico sino el chamaquito prieto de mi barrio, que criado en el régimen heterosexual me llama todos los días: Waquel maricón. Recuerden, la cárcel es producida por el poder y el poder le pertenece al imperio, el poder es un producto que construye el mundo y sus instituciones, pensando en Fucó.


Este mundo de miseria, quiere reformas, porque sabe que está en etapa terminal, teme morir, sus parásitos que lo habitan y constituyen no quieren perder el cuerpo que los aloja. Por eso quieren reformar, por eso hoy tenemos a jefes de policías negres, por eso tenemos a gente lgbtiq+  vendedoras de McDonald’s y Burger King, dirigiendo sus compañías de muerte y publicitando sus productos de cáncer. Por eso Nike pone a chicas trans negras talla plus de modelo. Pensando en Ochy Curiel, hay que saber que la inclusión es un engaño, abran los ojos. Incluir es reformar, no desmontar la casona y quemar la plantación. Es otra forma de neoliberalismo multicultural. Lo multicultural siempre será una captura, porque su existencia confirma la norma: la cultural del dominador, del sujeto hegemónico, la cultural dominante que domina porque hay un dominado. La reforma de ley no quita la rodilla policial del cuello del pobre subalterno, presionado en el asfalto hasta morir, todo lo contrario, la mantiene…me rehúso a cambiar la decoración de la casa, quiero prenderle fuego. Exijo mi derecho a la defensa, exijo mi derecho a la venganza.



Sigamos destruyendo el mundo: no soy un hombre


Si nos queremos desprender, hay que destruir el mundo, hay que derribarlo, hay que desmontarlo. No vale cambiar la decoración, ni la ubicación de los muebles, ni el color de las cortinas, esas cortinas que cubren la explotación de mujeres en Nepal, en Haití y en las zonas francas de la República Dominicana del Caribe negro, que cubren el despojo de pueblos enteros y comunidades afro en el Caribe y rompen con el tejido comunitario indígena en el sur de México, que cubren detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas de los Necros-Estados criollos republicanos en este proyecto colonial ocupacionista llamado América Latina, y falsamente sostenido por la idea eurocéntrica de la democracia liberal. No vale la pena cambiar el color de esas cortinas que sustentan las mineras extractivas canadienses, porque también son las mismas que se edifican como muros de derecha al estilo Trump y Netanyahu y dejan morir a migrantes y desaparecen territorios como lo hace Israel con Palestina. Esas cortinas son las que dividen a la gente de bien de los delincuentes, las que crean bajo la lógica del derecho colonial a “delincuentes – vidas perdibles” y a ciudadanos – vidas centrales, o en otras palabras: la blanquitud”.  Estas cortinas son las que nos hipnotizan para hacernos creer que las cárceles son buenas y necesarias, son las mismas que permiten ciudadanías de primera y nada más, porque en este mundo debes ser blanco, heterosexual, capacitado y propietario, para poder sentarte en la mesa. No hay espacio para las travestis – marikas negras, nunca habrá, ni lo pienso, de todas formas ¡No queremos tampoco sentarnos en su mesa, construida con nuestro oro y sobre nuestros cuerpos!


Destruir el mundo significa arruinar el plan del heterosexismo como sustento de las identidades hegemónicas que sostienen a su vez el capital. Si queremos definir el mundo, la colonalidad heterosexual es su definición. Este mundo no es más que colonialismo y heterosexualidad. Si lo queremos hacer desaparecer, hay que dinamitar sus categorías identitarias hechas en clave dicotómica para usufructo del artificio de la producción humana que está hecha para crear sus sujetos fijos – masculinos y femeninos – con fines de encapsulamiento y encierro, fugarnos de este mundo es eliminar la colonialidad moderna de género de la que hablaba Maria Lugones. Es que no quiero ser varón, yo no decidí eso, a mi nadie me preguntó si quería ser heterosexual, les renuncio y me largo. No me convence su fábrica binaria de creación autoritaria de humanidad bajo el paradigma blanco sexo – género, no quierro que me reconozcan otro género, quiero vivir sin uno, sin sexo, sin clasificación alguna… repito: no quiero ni género ni sexo. Soy ciborg, pensando en la Haraway o mejor dicho, quiero ser frontera como Anzaldúa o mestiza como la chicana Chela Sandoval.


Gloria Anzaldúa en Movimientos de rebeldía y culturas que traicionan, nos dice: “el mundo no es un lugar seguro para vivir”, refiriéndose a este lugar colonizado por la cultura dominante heterosexual… quisiera justamente pensar que como aquí no hay más destino que la muerte, es momento de escaparnos y construir otros mundos. Quiero vivir en otro mundo, sueño con otros mundos, me imagino otras vidas posibles. ¡Vámonos, no quiero morir aquí, nuestra resistencia es soñar una vida otra!

1 2005. Dussel, E. Filosofías del sur: descolonización y transmodernidad.

2 En un momento de preocupación, Iki Yos Piña me dijo “autoconsérvate”. Agradezco mucho su abrazo al corazón.

3 Pienso en “ecología” a partir de Boaventura de Sousa Santos.

4 2013. Curel, O. La nación heterosexual. Análisis del discurso jurídico y el régimen heterosexual desde la antropología de la dominación.



*Waquel Drullar Wurtzbach. Marika heterodisidente, AFROmestiza-indiadescendiente, travesti negra caribeña, TopModel Voguera, sin identidad segura y monstruo contra-género como política de vida colonial. Activista, Influencer, Diseñador de moda independiente, parte de las colectivas antirracista AFROntera y Décima Ola, espacio de deformación contrasexual.




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